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Entre sus manos yacía su única herencia de un padre bibliófilo con tan pocos tornillos como centavos. El pergamino parecía antiguo, de cuántos años no sabría decir. Era de un color marrón muy oscuro y parecía manchado con rayas de tinta por todo lo largo. Era tan patético que lo consideraba un desperdicio tanto de papel como de tinta; la última gran muestra de locura de su progenitor, seguramente.
Tantos libros en la cabeza, tanta tinta acumulada en el índice por haber recorrido kilómetros de líneas escritas, tanta hambre que dejó de sentirla, el muy desgraciado, dejándosela toda a él.
Leer entre líneas era especialidad suya, y estaba seguro de que esta era la forma que su padre había escogido para reírse en su cara.
Cansado, padeciendo una furia fría encima del hambre y la sed, dejó el trozo de pergamino en la oxidada banca del parque; se marchó para no volver jamás, sin mirar atrás ni una sola vez.
Una pena saber leer entre líneas cuando no se sabe leerlas.
Se quedó entonces aquel tesoro muy bien enterrado en sí mismo, con miles de letras apretadas, formando palabras, formando oraciones, formando textos únicos. Lo mejor de la biblioteca mental de su padre meticulosamente escrito en treinta centímetros cuadrados.
Citas, cuentos y poemas. La variedad de autores más grande dentro de las posibilidades de los creadores. Libros de todos los temas, tamaños, colores y sabores.
lunes, 3 de enero de 2011
Adaptación de poema indio
[...] sopló, y apareció un mundo, un mundo deforme, aplastado por los polos, que volteaban de medio ganchete, con montañas de nieve y arenales encendidos, con fuego en las entrañas y océanos en la superficie, con la humanidad frágil y presuntuosa, con aspiraciones de dios y flaquezas de barro. El principio de muerte destruyendo cuanto existe, y el principio de vida, con conatos de eternidad, reconstruyéndolo con sus mismos despojos; un mundo disparatado, absurdo, inconcebible: nuestro mundo, en fin.
Bécquer, fragmento
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Al leerlo no pude evitar recordar y comparar el texto con el Génesis de la Biblia (no lo he leído completo pero como toda persona que ha crecido en una escuela católica tengo una muy buena idea de lo que dice), no pude evitar sonreír ante el realismo que en mi opinión destaca en este texto si se le compara con la versión católica (sin ánimos de ofender la fe de nadie); creo que fue sin duda la última oración la que me capturó: "un mundo disparatado, absurdo, inconcebible: nuestro mundo, en fin." Al parecer los poemas indios son más interesantes de lo que creía.
Bécquer es famoso tanto por sus poemas como por sus narraciones, pero se le suele reconocer por sus poemas. ¿Quién no conoce Las Golondrinas? ¿Qué es poesía? A pesar de esto, a mí me agradan más sus narraciones. Cuestión de gustos, claro está; quizás es el poema en sí el que es grandioso, pero la narrativa de Bécquer no le hace ningún daño.
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