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Entre sus manos yacía su única herencia de un padre bibliófilo con tan pocos tornillos como centavos. El pergamino parecía antiguo, de cuántos años no sabría decir. Era de un color marrón muy oscuro y parecía manchado con rayas de tinta por todo lo largo. Era tan patético que lo consideraba un desperdicio tanto de papel como de tinta; la última gran muestra de locura de su progenitor, seguramente.
Tantos libros en la cabeza, tanta tinta acumulada en el índice por haber recorrido kilómetros de líneas escritas, tanta hambre que dejó de sentirla, el muy desgraciado, dejándosela toda a él.
Leer entre líneas era especialidad suya, y estaba seguro de que esta era la forma que su padre había escogido para reírse en su cara.
Cansado, padeciendo una furia fría encima del hambre y la sed, dejó el trozo de pergamino en la oxidada banca del parque; se marchó para no volver jamás, sin mirar atrás ni una sola vez.
Una pena saber leer entre líneas cuando no se sabe leerlas.
Se quedó entonces aquel tesoro muy bien enterrado en sí mismo, con miles de letras apretadas, formando palabras, formando oraciones, formando textos únicos. Lo mejor de la biblioteca mental de su padre meticulosamente escrito en treinta centímetros cuadrados.
Citas, cuentos y poemas. La variedad de autores más grande dentro de las posibilidades de los creadores. Libros de todos los temas, tamaños, colores y sabores.
jueves, 20 de enero de 2011
Helado de lima y de vainilla
"-Helado de lima y vainilla a la antigua...
-¡Ese! --gritó Bill Forrester.
-¡Sí, señor! -dijo Douglas.
Y, mientras esperaban, dieron vueltas lentamente en los taburetes giratorios. Los grifos de plata, los espejos brillantes, los ventiladores que susurraban en el cielo raso, las sombras verdes en las ventanitas, las sillas de respaldos de arpa, pasaron ante los ojos móviles. Dejaron de girar. Los ojos se detuvieron en la cara y la forma de la señorita Helen Loomis, de noventa y cinco años, con una cuchara de creama en la mano y helado de crema en la boca.
-Joven --le dijo la mujer a Bill Forrester--,es usted una persona de gusto e imaginación. Tiene también la fuerza de voluntad de diez hombres. De otro modo no se atrevería a salirse de los gustos comunes; y decidirse, sin titubeos y reservas, por algo tan insólito como un helado de lima y vainilla.
Bill respondió con una solmne inclinación de la cabeza.
-Sientense conmigo, los dos -dijo la mujer-. Hablaremos de helados raros y otras cosas parecidas.
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En efecto, ir a la guerra o ponerte hormigas bala en el pene me parece superfluo, la única prueba sinceramente confiable para saber el precio de una persona es el sabor de nieve favorito.
(menta con chispas de chocolate)
En cuanto al libro y al autor, tengo sentimientos encontrados. Bradbury tiene lapsos geniales, como el proto-cuento del cual saqué este fragmento (sobre un sorta romance entre un joven de 2X y una srita. de 95) y la mayor parte de Fahrenheit 451, pero al final del día su mente desesperantemente gringa a la tradicional conservadora me termina asqueando. Lo bueno es bueno, lo malo es malo, there is no place like home and god bless your family and our nation. Puaj.
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