El Rojo aún estaba tratando de entender cuando Adán Nada dio una orden y tres de los Paranomásicos Pimienta repartieron rápidamente un encarte en forma de menú, que Adán pasó a declamar:
De pronto, el Flaco dio dos palmadas y todos se volvieron hacia él.
-Ya estoy listo para ordenar, camarero –dijo-. ¿Podría pasar a los postres?
Adán lo miró, confundido, sacó un pañuelo y se secó la frente.
-Con todo disgusto, señor –murmuró haciendo una venia-. Hay Flan Kafka, Guy de Mazapán, Robert Frozen, Camus de Chocolate y, desde luego, René Depostre.
Jesús Díaz, fragmentos
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Este fragmento en específico no tiene un gran impacto, es un feliz y sencillo juego de palabras agradable a la vista. El corto poema del inicio es quizás la excepción. Pero estoy segura que aquel que lo lea por la fuerza tiene que reconocer alguno de los platillos del menú, y si suele disfrutar de aquel platillo con frecuencia, no me cabe duda que mínimo le hará sonreír el texto; yo me inclino por el Flan Kafka y el Camus de Chocolate. El libro de Las palabras perdidas es poco conocido y sin embargo fabuloso, además tiene una intertextualidad increíble.
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