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Entre sus manos yacía su única herencia de un padre bibliófilo con tan pocos tornillos como centavos. El pergamino parecía antiguo, de cuántos años no sabría decir. Era de un color marrón muy oscuro y parecía manchado con rayas de tinta por todo lo largo. Era tan patético que lo consideraba un desperdicio tanto de papel como de tinta; la última gran muestra de locura de su progenitor, seguramente.
Tantos libros en la cabeza, tanta tinta acumulada en el índice por haber recorrido kilómetros de líneas escritas, tanta hambre que dejó de sentirla, el muy desgraciado, dejándosela toda a él.
Leer entre líneas era especialidad suya, y estaba seguro de que esta era la forma que su padre había escogido para reírse en su cara.
Cansado, padeciendo una furia fría encima del hambre y la sed, dejó el trozo de pergamino en la oxidada banca del parque; se marchó para no volver jamás, sin mirar atrás ni una sola vez.
Una pena saber leer entre líneas cuando no se sabe leerlas.
Se quedó entonces aquel tesoro muy bien enterrado en sí mismo, con miles de letras apretadas, formando palabras, formando oraciones, formando textos únicos. Lo mejor de la biblioteca mental de su padre meticulosamente escrito en treinta centímetros cuadrados.
Citas, cuentos y poemas. La variedad de autores más grande dentro de las posibilidades de los creadores. Libros de todos los temas, tamaños, colores y sabores.
lunes, 3 de enero de 2011
¿Es el alma? de Ernesto Sabato
¿Adónde dirige sus pasos?
Es la voz lunar de la hermana a través de la noche sagrada que oye el peregrino
el sombrío
en su barca nocturna
en los estanques lunares
entre podridos ramajes, entre muros leprosos.
El delirante está muerto
se entierra al extraño.
Hermana de tempestuosa tristeza
¡mira!
Una barca angustiada naufraga
bajo las estrellas
el rostro callado de la noche.
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Críptico poema, a mi juicio metafísico o algo así, que aparece al final de "Abaddón el Exterminador" de Ernesto Sabato. A pesar de que no soy un gran fanático de una poesía tan formal, tiene mucho de memorable. Sabato tiene un efecto chistoso en mí; siempre que lo leo me digo que no es tan bueno y que de hecho apesta, pero a la hora de la hora siempre quiero volver a leerlo, siempre estoy imitándolo y siempre lo estoy recomendando. Lo acompaño con una cita del mismo autor, que seguía al poema en el libro y que, en cierta forma, lo complementa:
"Porque no hay poesía festiva, alguien había dicho, pues quizá sólo del tiempo y de lo irreparable se puede hablar."
Amen.
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