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Entre sus manos yacía su única herencia de un padre bibliófilo con tan pocos tornillos como centavos. El pergamino parecía antiguo, de cuántos años no sabría decir. Era de un color marrón muy oscuro y parecía manchado con rayas de tinta por todo lo largo. Era tan patético que lo consideraba un desperdicio tanto de papel como de tinta; la última gran muestra de locura de su progenitor, seguramente.
Tantos libros en la cabeza, tanta tinta acumulada en el índice por haber recorrido kilómetros de líneas escritas, tanta hambre que dejó de sentirla, el muy desgraciado, dejándosela toda a él.
Leer entre líneas era especialidad suya, y estaba seguro de que esta era la forma que su padre había escogido para reírse en su cara.
Cansado, padeciendo una furia fría encima del hambre y la sed, dejó el trozo de pergamino en la oxidada banca del parque; se marchó para no volver jamás, sin mirar atrás ni una sola vez.
Una pena saber leer entre líneas cuando no se sabe leerlas.
Se quedó entonces aquel tesoro muy bien enterrado en sí mismo, con miles de letras apretadas, formando palabras, formando oraciones, formando textos únicos. Lo mejor de la biblioteca mental de su padre meticulosamente escrito en treinta centímetros cuadrados.
Citas, cuentos y poemas. La variedad de autores más grande dentro de las posibilidades de los creadores. Libros de todos los temas, tamaños, colores y sabores.
jueves, 6 de enero de 2011
Dramatica Reacción de una jovencita ante un aborto y la infertilidad. :(
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(En una clínica de abortos)
El médico lo hizo admirablemente por setecientos pesos. Me vio con desprecio.
--A ver si así escarmientan
--¡Lárguese al infierno!
--¿Sí?, pues desgraciadamente no podrán seguir siendo clientes de la casa.
--¿Por qué, mi inefable?
--Ella quedó imposibilitada, no podrá tener más familia--gozaba al decirlo, el retrasado mental.
--Muchas gracias por sus informes, doctor Mendoza
--¿Cómo supo mi nombre?
--Ya lo ve...
--No quiero ninguna clase de problemas, jovencito, recuerde que si usted hace escándalo/
--Pierda cuidado, galeno de mierda, no me interesa quebrar su tingladito.
Nos fuimos de ahí. Clic, clic. Y a los tres días nos emborrachamos de lo lindo. ¡Cómo me había reído del médico! Y cuando Elsa supo que no podría tener más hijos, aulló de alegría y se dedicó al trago de todo corazón.
--¡Que se acaben los niños y viva el Anovlar! --aullaba.
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fragmento más efectivo si se imagina una balada leeenta de piano en el fondo
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